
En el caso de la fotografía, madrugar tiene sus recompensas. Un bello amanecer nos hace olvidar de la falta de sueño, su suave luz nos inspira y permite disfrutar de unas horas en las que generalmente o estamos dormidos o comenzamos el día laboral.
El amanecer es suave, su luz monocromática casi no permite distinguir las formas y los cambios son sutiles y lentos. La niebla y la humedad de la mañana lo cubren todo con tenue manto de magia.
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